Disfrutamos la desgracia ajena, pero esto es solo otra herramienta de control
No hay nada que una más a los mexicanos que la desgracia ajena. En estos días, se habla de Fofo Márquez pagando su condena tras un lamentable actuar, demostrando los valores negativos sobre los cuales se gobernaba. Una condena merecida.
También tenemos frente a nosotros el dilema de la soberanía nacional contra las imposiciones arancelarias de Trump. Este en particular nos ha llevado a solicitar apoyo en redes sociales para organizar un boicot comercial contra las transnacionales americanas como forma de protesta.
Pero estos temas, como muchos otros que generan impacto social cada cierto tiempo, son instrumentalizados para promover intereses que, en la mayoría de los casos, desconocemos. No siempre la noticia es creada por los grandes actores tras el telón, pero siempre es utilizada para fomentar un pensamiento, una idea o un movimiento que termina sirviendo como instrumento de control y beneficio para estos actores silenciosos.
No, unirnos en contra de Coca-Cola no cambiará las políticas arancelarias de los productores, pero sí generará mayores ingresos para la industria mexicana. Lamentablemente, esto no se traducirá en más empleos o una mayor derrama económica para la mayoría, ya que, al final, el plusvalor termina siempre en manos del capitalista. Los ricos ganan más, nosotros seguimos igual.
El caso de Fofo Márquez se siente como una victoria para el pueblo, una lección para los millonarios que se creen impunes debido a la corrupción. Pero, ¿y si el mensaje es más profundo? ¿Y si no está dirigido a nosotros, sino a los mismos actores del poder? Tal vez, el verdadero mensaje sea: «El día que quiera, terminas igual.»
Hay que unirnos como mexicanos, pero no para generar bandos, defender partidos o atacar a Karla Panini. Debemos hacerlo para empezar a ser más civilizados, más éticos, más empáticos y para escarbar en la raíz de la podredumbre que afecta a nuestro pueblo.
RAW
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